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Por aquel entonces
occidente vivía la pérdida de aspectos fundamentales de
su antigua herencia espiritual, aquello que antes era
conocido y respetado por todos empezaba a perderse y a
ponerse en tela de juicio, no todos entendían, querían o
interesaba entender ese conocimiento.
Después de terminar las persecuciones contra los
primeros cristianos, muy discutibles en número y
crueldad, se calcula en cifras oficiales y aceptadas
entre 3000 y 6000 el número de víctimas total en los
tres primeros siglos, (Historia criminal del
cristianismo, K. Deschner, ed.Roca, 1990),
Lactancio, padre de la Iglesia, que años antes cuando
aún eran perseguidos, exclamaba:
“Que cese la violencia; no más
injusticia; la religión no puede imponerse; con palabras
y no varas hay que promulgar la causa, sea cual sea;
mediante la paciencia no con la crueldad; mediante la
fe; no con el crimen; la raíz de toda justicia es no
hacer a los demás lo que no quieras que hagan
contigo...."
Ese mismo Lactancio es el que luego afirmó
sentencias como:
“Los soberanos de los gentiles eran criminales
ante dios, hay que celebrar que hayan sido exterminados
de raíz con toda su ralea. Ahora yacen postrados en el
suelo aquellos que pretendían desafiar a dios; los que
derribaron el templo tardaron en caer, pero han caído
mucho más bajo y tuvieron el fin que se merecían. El
Señor los aniquiló y los ha borrado de la faz de la
tierra; cantemos pues, el triunfo del señor, celebremos
la victoria del señor con himnos de alabanza..."
Había empezado por parte del núcleo del
cristianismo una campaña difamatoria del Cosmos, de la
cultura y religiones consideradas como paganas.
En 1889 se descubrió en el monasterio de Santa
Catalina del Sinaí un manuscrito del s. II donde
Arístides, un cristiano, critica e intenta destruir la
divinización del agua, del fuego, del viento, del sol y,
desde luego, el culto a la tierra por ser esta el lugar
"donde se almacena la inmundicia de los humanos y la
de los animales...y la descomposición de los muertos, un
recipiente de cadáveres..."
Creció una gran enemistad contra la religión
egipcia, afirmaban que:
" ...es el más simple e irracional de todos los
pueblos de la tierra, donde rinden culto a los
animales..."
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En lado contrario encontramos a Celso, gran
filósofo, conocedor del Antiguo Testamento, de
los Evangelios, de las comunidades cristianas y
el primer retractor del cristianismo, el cual
escribiría en su Aléthes logos (Palabra
Verdadera) una distinción clara de los puntos
más precarios de la religión cristiana, la
mezcla de multitud de elementos judaicos con
otros estoicos, platónicos y similitudes con los
cultos mistéricos egipcios y persas.
Sobre algunas
afirmaciones de la Iglesia nos comenta que ya
fueron pronunciadas por filósofos antiguos,
Sócrates y Platón y aún desde tiempo del mismo
Pitágoras. |
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Los cristianos de la antigüedad no entendían el
fascinante ciclo de la vida y el cosmos especialmente
celebrados por las antiguas tradiciones, el ciclo de
vida de las plantas, desconocían la interpretación de
los antiquísimos mitos de fertilidad y fecundidad así
como la convicción de la Inmortalidad del Hombre y de
aquello que es bello y vital en cada ser humano,
desconocían por completo las interpretaciones simbólicas
que aludían al eterno ciclo de la muerte y el
renacimiento.
Continúan apareciendo edictos posteriores como el
de Julio Firmico Materno, en su diatriba Sobre el error
de las religiones paganas, redactada hacia el año 347,
Firmico incita a los emperadores Constantino y Constante
al exterminio, sobre todo, de los cultos mistéricos, los
competidores más peligrosos del cristianismo eran los
cultos a Isis, Osiris, Serapis, Cibeles, Atis, Dioniso-Baco
y Afrodita, los cultos del Mitraísmo... todos se
caracterizaban con números y sorprendentes paralelismos
con los cultos cristianos.
Constantino prohibió que se erigieran nuevas
estatuas a los Dioses, que se rindiese culto a las
existentes, que se consultasen los oráculos y todas las
demás formas de culto pagano, en el 326 D.C, llegó a
ordenar la destrucción de todas las imágenes, al tiempo
que iniciaba en oriente la confiscación de los Templos y
el expolio de las valiosas obras de arte, dispuso el
cierre del Serapión de Alejandría, el del templo de
Heliópolis, el derribo del altar de Mambre, el derribo
del templo de Esculapio en Aegae, la destrucción del
templo de Afrodita sobre el Gólgota, el templo de Aphaka
en el Líbano.
Además Constantino hizo quemar los escritos de
Porfirio, en el año 330, prohibió la lectura de Platón y
el Neoplatonismo. Prosiguieron años de destrucción del
conocimiento antiguo, incendios de templos y
bibliotecas, asesinatos de sacerdotes y filósofos...
Crecía un mundo donde un cristianismo extremista
acabaría con las últimas escuelas y sus Maestros serían
asesinados por fanáticos y manipulados cristianos.
Con la muerte de Hipatia, directora de la escuela
de Alejandría, en el año 415 d.c. moriría la última
Maestra de los Misterios o Maestra de Sabiduría.
Ciertamente había llegado la época vaticinada por
el gran Hermes en su diálogo con Esculapio; la época en
que impíos extranjeros reconvinieran a los egipcios de
adorar monstruosos ídolos, sin que de ella quedara más
que los jeroglíficos de sus monumentos como increíbles
enigmas para la posteridad. Los hierofantes andaban
dispersos por la haz de la tierra, buscando refugio en
las comunidades herméticas.
El mundo se sumiría en una época oscura,
marcada por el odio y la superstición durante donde casi
por mil años desapareció el conocimiento de las escuelas
antiguas, muy pocos se atrevieron en esa época a
perseguir ese conocimiento, la Iglesia se había
apropiado de aquellos libros que no había destruido por
miles en enormes hogueras, los restos del conocimiento
del mundo antiguo y clásico permanecían oculto en
monasterios y abadías donde muy pocos tenían acceso, un
elevado numero de la población era analfabeta y seguía
los preceptos y consejos de los Padres de la Iglesia al
pie de la letra, el hambre y la miseria reinaron por
Europa como si de un campo de caza se tratara. La
historia nos ha dejado una terrible sentencia en la cual
queda reflejado el espíritu que se respiraba por aquella
época:
"La indagación empírica y/o racional es una
fuente de herejías peligrosa que aparta al fiel de la
verdadera creencia"
(Lactancio y Tertuliano).
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Más adelante, durante esta época conocida como
la Edad Media aparecieron varias personas como
Ramón Llull (1235-1315), Arnau de Vilanova
(1240-1311),etc. que continuaron con el estudio
de la Tradición Antigua, organizaciones como la
de los Templarios que gracias a su influjo sobre
Oriente consiguieron traer a Occidente libros
clásicos, manuscritos griegos y árabes
originales y tratados sobre filosofía, ciencia,
historia, astronomía, medicina... Traducidos y
custodiados por los monasterios y abadías el
conocimiento esperaba poder ser devuelto al
hombre. |
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