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El Filósofo aspirante,
el buscador de Sabiduría, no ha de profesar determinada
religión; aunque si tiene el deber de respetar toda fe y
creencia para llegar a ser un autentico filósofo.
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Muy viejo axioma es el que dice “el poder pertenece a
quien sabe”, así el Conocimiento –cuyo primer paso hacia
él es la facultad de comprender la verdad y discernir lo
verdadero de lo falso- pertenece tan sólo a quienes,
libres de prejuicios y vencedores de toda presunción y
egoísmo, están dispuestos a buscar y reconocer la verdad
en cuanto se les presente. Empecemos pues haciendo
memoria de algunos de los nombres más importantes de
grandes Maestros y antiguos filósofos como Hermes
Trismegisto, Orfeo, Krishna, Pitágoras, Moisés,
Confucio, Buddha, Jesús, Apolonio de Tiana, Amonio
Saccas, Erenio, Orígenes, Plotino, Amelio, Porfirio,
Jámblico, Hipatia de Alejandría… |
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Estos nombres, tienen mucho en común, pero
para poder comprender correctamente quienes fueron, que
fueron o que enseñaban, debemos decir antes de nada, que
sería muy injusto ver en estas páginas desdén o
menosprecio respecto del Cristianismo y la religión
cristiana, y mucho menos el propósito de herir ajenos
sentimientos, si bien todos estamos obligados a respetar
la particular opinión del prójimo, nadie viene forzado a
compartirla
Durante largos siglos comprobamos que la
mayoría de estos nombres, claro está excepto el de Jesús
debido al predominio de la religión cristiana, durante
muchos siglos en Occidente nos los han querido hacer ver
como demoníacos, malévolos, paganos y adoradores de
animales o de "dioses paganos" o incluso peligrosos y
con ideas extrañas… y o bien fueron perseguidos y
torturados por sus contemporáneos (los cuales lo hacían
por que no entendían sus enseñanzas) hasta llegar a
matarlos o bien durante el correr del tiempo, durante
estos 2000 últimos años, los Dogmas de la Iglesia
Cristiana han tratado de demostrar que eran adoradores
de Satán o simplemente han dedicado sus esfuerzos a
tratar de demostrar que no existieron; hay que decir que
los anatemas de la Iglesia Cristiana (no el
cristianismo), se dirigieron únicamente contra quienes
rechazaban sus ideas o se atribuían a sí mismos la
operación del “milagro”, en vez de atribuir su
realización a Dios, pero el filosofo Hermético sabe que
aquello que llamamos "milagro", no es más que el dominio
de causas naturales y que la gran mayoría de nosotros
desconocemos o sólo llegamos a intuir…Así, pues,
mientras la Iglesia canonizó a los Iniciados y magos
"paganos" a ella sometidos, expulsó de su seno y maldijo
para siempre a todos los demás.
El dogma y la autoridad fueron siempre azotes del
género humano, y los más violentos enemigos de la luz y
de la verdad, únicamente debemos hacernos eco de las
vidas de todos ellos para comprobar hasta que punto
fueron perseguidos, desacreditados y asesinados, esto
sucede en todas las épocas, como sucedió incluso con el
mismo Jesús, tan conocido por todos.
Pero el filósofo ve en la muerte de cada “Maestro” un
símbolo henchido de significado. Hallamos en la historia
que, cuando un “Mensajero” mayor o menor, iniciado o
neófito, tomó a su cargo enseñar alguna verdad hasta
entonces oculta, fue crucificado y puesto en la picota
por los “sayones” de la envidia, la malicia y la
ignorancia. Tal es la terrible ley oculta.
Así, pues, quien no se sienta con corazón de león
para menospreciar los salvajes aullidos, y con alma de
paloma para perdonar las locuras de los ignorantes, que
no emprenda el estudio de la Sagrada Ciencia. Si se
quiere lograr éxito, no ha de conocer el miedo; ha de
vencer peligros, la infamia y la muerte; ha de ser fácil
al perdón, y callar todo aquello que no pueda revelarse.
Tanto la Biblia, los libros de Hermes, como los Vedas o
la Kabalah hebrea… prescriben el mismo sigilo sobre
ciertos misterios de la naturaleza simbolizados en su
texto.
Según cuenta la tradición:
"Desde el mismo día en que el primer místico enseñado
por el primer Maestro, perteneciente a las “divinas
dinastías”, aprendió los medios de comunicación entre
este mundo y los mundos invisibles; entre la esfera
material y espiritual, pudo comprender que fuera
desquiciar esta misteriosa ciencia el abandonarla a la
profanación involuntaria del profano populacho. Su abuso
y su mal empleo determinaría la rápida destrucción de la
humanidad; parecidamente a si se pusieran substancias
explosivas en manos de chiquillos, proporcionándoles
además la lumbre con que encenderlas. El primer
instructor divino inició tan sólo a unos cuantos
discípulos, y estos guardaron silencio ante el vulgo.
Reconocieron ellos a su “Dios”; y todo filosofo sintió
al gran “Yo” dentro de sí."
Debido a todo esto no es extraño que se interpreten
erróneamente las enseñanzas de estos grandes Sabios.
Desde Orfeo, el primero que la historia vislumbra
tenuemente entre las nieblas de la era pre-cristiana,
pasando por Pitágoras, Confucio, Buddha, Jesús, Apolonio
de Tiana, Amonio Saccas… Todos y cada uno de ellos
recomendaron silencio y sigilo sobre ciertos hechos y
acontecimientos.
Todos ellos nos enseñan que existe una enseñanza
idéntica en todos los libros místicos del mundo antiguo,
en todo el conjunto de las religiones antiguas con sus
literaturas místicas, Los Libros de Hermes, el Zohar, el
Ya-Yakav, el Libro de los Muertos egipcio, el libro
Tibetano de los muertos, los Vedas, los Upanishads, la
Biblia… están llenos de un mismo lenguaje, de hermetismo
y simbolismo para demostrar una esencia idéntica.
Preguntar cuál de ellos tiene primacía, es perder el
tiempo, todos ellos son versiones distintas de la misma
revelación y Sabiduría, descubrimos las mismas ideas,
espiritualmente esotéricas.
Porque no en los milagros, sino en la identidad de
ideas y doctrinas, se halla la semejanza entre Buddha,
Jesús y Apolonio. Si estudiamos desapasionadamente la
cuestión echaremos de ver desde luego que la moral,
filosofía y religión egipcia, las enseñanzas de Gautama
"el Buda", Pitágoras, Platón, Apolonio, Jesús, Amonio
Saccas y sus discípulos..., tienen por común fundamento
la misma filosofía mística; que todos adoraron un Ideal
divino, considerado ya como “Padre” de la humanidad, que
vive en el hombre y el hombre en Él, ya como
Incomprensible Principio Creador. Todos ellos vivieron
santamente y con la misma pureza de vida.
No es, pues, extraño que Clemente de Alejandría
dijese en el Stromateis :
"Los enigmas de los hebreos en relación con lo que
encubren, son semejantes a los de los egipcios."
Citemos, por ejemplo, las legendarias vidas
(porque exotéricamente todas son leyendas) de Krishna,
Osiris, Horus, Hércules, Pitágoras, Buddha, Jesús,
Apolonio y Chaitanya. En el aspecto profano, las
biografías de estos personajes, escritas por autores
extraños a su círculo de iniciados, diferirán
notablemente de los ocultos relatos de sus místicas
vidas. Sin embargo, por mucho que se hayan disfrazado y
escondido de las miradas profanas, aparecen idénticas en
esencias.
Cada uno de ellos es representado como un
“Solter” o Salvador de origen divino, título que daban
los antiguos a los dioses, héroes e insignes reyes. A
todos ellos, bien al tiempo de su nacimiento o después,
les persigue y amenaza de muerte (aunque nunca logra
matarles), una potestad enemiga (el mundo de la materia
y de la ilusión), ya sea el dios Seth egipcio, el rey
Kânsa, Herodes o Mâra, representantes del poder del mal.
Todos son tentados, perseguidos, y finalmente, se dice
que, al término de los ritos de iniciación, han sido
muertos simbólicamente en su personalidad física, de la
que surgen y se libran para siempre después de su
espiritual “resurrección” o “nacimiento”. Y acabada así
su carrera por esta supuesta y violenta muerte, todos
ellos descienden a los infiernos, al reino de la
tentación, del deseo y de la materia, y por consiguiente
de las tinieblas, del que vuelven glorificados como
“dioses”, habiendo dominado la “condición de Hombres”.
CUANDO EL OÍDO ES CAPAZ DE OÍR, ENTONCES LLEGAN LOS
LABIOS QUE HAN DE LLENARLOS DE SABIDURÍA
HERMES TRISMEGISTO
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