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En este centro cultural e internacional, las ideas
científicas, religiosas y filosóficas eran respetadas y
debatidas, dando a la historia un ejemplo de los más
elevados valores humanos que deben alumbrar los pasos
del hombre en su evolución.
También estaba el Serapheum, anexo a la Biblioteca y
construido por Ptolomeo III, fue un templo dedicado a la
Sabiduría. Y por último, construido por Ptolomeo II, el
gran faro de Alejandría, una de las siete maravillas del
mundo antiguo, que sobre la isla que le da nombre, fue
guía con su luz física para los navegantes y símbolo
universal de la luz espiritual y cultural que representó
Alejandría durante más de seis siglos.
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Los reyes griegos de Egipto que sucedieron a Alejandro
tenían ideas muy serias sobre el saber. Apoyaron durante
siglos la investigación y mantuvieron la Biblioteca para
que ofreciera un ambiente adecuado de trabajo a las
mejores mentes de la época.
La Biblioteca constaba de diez grandes salas de
investigación, cada una dedicada a un tema distinto,
había fuentes y
columnatas, jardines
botánicos, un zoológico, salas de disección, un
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observatorio astronómico y
una gran sala comedor donde se llevaban a cabo, con toda
libertad, las discusiones críticas de las ideas.
Pero el núcleo de la
Biblioteca era su colección de libros. Los organizadores
escudriñaron todas las culturas y lenguas del mundo.
Enviaban a gentes al exterior para comprar bibliotecas
enteras. Los barcos que llegaban a Alejandría eran
registrados por la policía, no para buscar contrabando,
sino libros.
Los rollos eran confiscados, llevados a la
Biblioteca y copiados, posteriormente se conoce que eran
devueltos a sus propietarios. Es difícil de estimar el
número preciso de libros, pero parece probable que la
Biblioteca contuviera cerca de 1.000.000 de volúmenes,
cada uno de ellos en un rollo de papiro escrito a mano.
Es evidente que allí estaban las semillas del
mundo moderno y una inspirada admiración ante la
intrincada y sutil construcción del universo.
Había en la Biblioteca una comunidad de eruditos que
exploraban la física, la literatura, la medicina, la
astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas,
la biología y la ingeniería... La ciencia y la erudición
habían llegado a su edad adulta. El genio florecía en
aquellas salas. La Biblioteca de Alejandría es el lugar
donde los hombres reunieron por primera vez, de modo
serio y sistemático, el conocimiento del mundo.
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Sabemos que en
Alejandría vivió Eratóstenes (s. III AC), era
filósofo, astrónomo, historiador, geógrafo,
poeta, matemático y director de la biblioteca de
Alejandría.
Eratóstenes encontró un papiro que decía que: |
"…en la frontera de Siena (Assuan, a 800 Km. de
Alejandría), el 21 de junio las sombras de un templo o
de un palo se acortaban cuando llegaba el medio día,
justo a las doce no había sombra y el sol brillaba justo
encima."
Se preguntó si en Alejandría ese día habría sombra,
espero justo el día y quedo sorprendido cuando descubrió
que daba sombra. ¿Como podía ser?, ¿porqué?, o si
no,¿por que iba a mentir alguien sobre un tema como ese?
Así que decidió comprobarlo, construyó una
maqueta a escala, ¿Que como sabía la escala? Muy fácil,
contrato a un hombre para que midiera la distancia
exacta de Alejandría a Siena, la distancia era 800 Km.,
puso en su maqueta un obelisco en Alejandría y otro en
Siena. Si en Siena no había sombra y en Alejandría
tampoco seria lógico si la tierra fuera plana. ¿como
podía ser que en un lugar hubiera y otro no? Respuesta,
la tierra es curva. Respuesta correcta.

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Pero la cosa no
termina aquí, calculó que la sombra tenía un
ángulo de 7 grados, siete es la cincuentena
parte de un circulo 360º, así que multiplicó la
distancia entre las sombras, 800km por 50, y el
resultado 40.000 Km., ese debía de ser el
diámetro de la tierra.
Y efectivamente
ese es el diámetro de la tierra, el margen de
error es mínimo si le añadimos que lo único que
tenia era cabeza, ojos, palos y mente para
pensar. Eso sucedió hace 2200 años. |
Además de Eratóstenes, hubo el astrónomo Hiparco,
que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el
brillo de las estrellas. Eúclides, que sistematizó de
modo brillante la geometría. Dionisio de tracia, el
hombre que definió las partes del discurso y que hizo en
el estudio del lenguaje lo que Eúclides hizo en la
geometría. Herófilo, el fisiólogo que estableció, de
modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede
de la inteligencia. Herón de Alejandría, inventor de
cajas de engranajes y de aparatos de vapor, y autor de
"Autómata", la primera obra conocida sobre robots.
Apolonio de Pérgamo.
El matemático que demostró las formas de las secciones
cónicas, la elipse, parábola e hipérbola, las curvas que
como sabemos actualmente siguen en sus órbitas los
planetas, los cometas y las estrellas. Arquímedes, el
mayor genio mecánico hasta Leonardo de Vinci; y el
astrónomo y geógrafo Tolomeo, que compiló gran parte de
lo que es hoy la seudo ciencia de la astrología: su
universo centrado en la tierra estuvo en boga durante
1500 años. Y entre estos grandes hombres hubo una gran
mujer, Hipatia, matemática y astrónoma, la última
lumbrera de la Biblioteca, cuyo martirio estuvo ligado a
la destrucción de la Biblioteca siete siglos después de
su fundación.
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